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Escritora mexicana Patricia Garfias Cáceres Cultura/Arte/Cine México 

Escritora mexicana Patricia Garfias Cáceres

Patricia Garfias Cáceres

 Escritora mexicana. Licencianda en Derecho. Estudios en Literatura latinoamericana. Diplomada en arteterarpia, protocolo, periodismo y literatura, mediación de la lectura y gestión editorial. Docente y gestora cultural. Ha publicado las plaquettes, Himenoplastia (ICY, El drenaje ediciones, 2005), y Los pájaros perdidos (PFL, 2012) y ha sido publicada en revistas y antologías de cuento y poesía. En dos ocasiones, ha sido beneficiaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico de Yucatán en el género de cuento. Presidenta de Pequeña Flor de Loto Ediciones.

LA APARATOSA CAÍDA DE UNA GOTA DE AGUA  (fragmentos)

El sol abraza los cimientos de esta calle y detiene el aire. Nada se mueve entre el piso y los cables que pasan por encima de los techos uniendo pequeños territorios de calor. Son las tres de la tarde. Oculto en el cegador reflejo de una bola de fuego en la ventana, puedo ver el suave rostro de un pequeño que mira a la mía con la tenacidad de un cabo en misión de vigilancia. Lo miro también y me pregunto: ¿Cuál será la seriedad de la encomienda?, ¿qué resguarda tan celosamente dentro de ese cuartel con apariencia de casa?

II Parece un juego de estrategia. Puntualmente, a mi llegada del trabajo, puedo ver al pequeño cuartelero, ubicado en su sitio de vigía, mirando hacia mi lado de esta región.

Entonces inicio una escenificación ya tantas veces repetida, la de no encontrar mis llaves, colocar despacio en el piso mi mochila, y buscar inútilmente en las bolsas laterales y del frente un llavero con un escudo plástico transparente, en forma de estrella, que siempre termina estando en alguna bolsa de mi ropa y que me permite hacer plástico el tiempo, para demostrarle al joven cabo, mi indefensión y carencia de proyecto para el ataque.

Me dice que le tiene miedo a los incendios. Me cuenta cómo, siendo aún más pequeño, sufrió una quemadura en la pierna y nadie le auxilió. Pequeño cabo me pide que no hablemos más de ello. Y yo callo, porque no soy capaz de preguntarle sobre ese accidente ni sobre algún otro, por ejemplo, del por qué siempre come solo o por qué ha pasado tanto tiempo mirándome desde ese pequeño fuerte, antes de atreverse a saludar, como si un acercamiento fuera una misión que debe planearse por anticipado, estudiando el objetivo desde algún punto, en el que no se comprometa la seguridad del silencio.

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