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Salvadoreño deportado reconstruye su vida en su país de origen

Salvador Reyes de 39 años, trabaja como gerente de un centro de llamadas en inglés, mediante el cual toma preguntas de clientes de AT&T en los Estados Unidos. En 2001, fue deportado, después de cumplir una condena en prisión por herir a dos personas en un tiroteo en Houston, en ese entonces tenía 17 años. Su madre le llevó ahí cuando era bebé, y cuando llegó al centro de Servicio de Inmigración y Aduanas en El Salvador, no recordaba nada de su país de origen.

Justamente, un domingo de Super Bowl, Reyes se reúne con sus amigos que también han sido deportados, para ver el partido, el cual será proyectado en  el exterior de un estadio. Al compás del olor a barbacoa texana, intercambian bromas en inglés, luciendo pantalones anchos y camisetas universitarias.

Contrastando un poco la historia con la realidad en que se vive, es inminente no recordar como antes, la larga política de apuntar a los inmigrantes condenados por delitos graves, solía hacerse de la vista gorda, sin embargo con la administración de Trump, los 11 millones de personas que viven indocumentados en el país norteamericano, están potencialmente expuestas a deportación.

También se ha hecho mención, que más inmigrantes serán deportados sin audiencia o revisión de su caso. Lo cual lógicamente dará paso a una nueva generación de deportados al pulgarcito de América. Alrededor de 700,000 personas de El Salvador viven indocumentados en los Estados Unidos.

Cada una de las personas deportadas deberá buscar un horizonte prometedor, quizá en una patria que desconocen, un trabajo mal remunerado o convertirse en soldados o víctimas de un mundo que vive marginado a raíz la maldad y la codicia.

Para Reyes y sus amigos, las reuniones en días de juego sirven para preservar sus tradiciones estadounidenses, en un país donde la palabra ‘‘fútbol’’ se refiere universalmente al balompié.

Cuando la fiesta del Super Bowl inicia, todos empiezan a recordar el pasado. “Todo mi mundo está allí”, dice Reyes. “Mi primer idioma es el inglés”. “Yo sueño en inglés”, responde su amigo Walter López, de 38 años.

Mientras el sol se pone, Salvador y sus amigos buscan ver el partido en compañía de cerdo frito e instalarse en las gradas, antes de la patada de inicial. Cuando suenan las primeras notas de “The Star-Spangled Banner”, Reyes y los otros deportados se ponen de pie. Siendo este el único himno nacional que mejor conocen.

Pie de Foto: Existe un aproximado de 700,000 personas de El Salvador que viven indocumentados en los Estados Unidos.

Fuente: Inmigrantes.

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