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La pesadilla del terremoto no ha terminado en la Ciudad de México México 

La pesadilla del terremoto no ha terminado en la Ciudad de México

En la calle Paseo del Río no hay paso, ni para los autos, ni para los peatones. Una malla de plástico anaranjado bloquea esa vía de Paseos de Taxqueña, en el sur de la Ciudad de México. “Es por nuestra seguridad y la de ustedes”, dice una mujer que mata el tiempo insertando perlas de fantasía en un hilo transparente. Confeccionar rosarios es su pasatiempo cuando cumple el turno de vigilancia vecinal tres veces por semana. El ama de casa, quien prefiere que no se publique su nombre, está sentada en una silla plegable a unos 20 metros de su edificio. Esa es la distancia más cercana a la que puede estar de su hogar desde el sismo del pasado 19 de septiembre.

Pero el terremoto de 7,1 grados destruyó el interior del inmueble de al lado, Paseo de Río 10, sin posibilidad de ser reconstruido, según las conclusiones de Protección Civil.

Paseo del Río 10 forma parte de una lista de 24 edificios en la Ciudad de México que fueron diagnosticados como irreparables tras el sismo. De esos, solo cuatro han sido tirados a dos meses del terremoto. Las demoliciones que normalmente llevan de tres a cuatro semanas en concluirse han sido postergados por la resistencia de los habitantes y propietarios, quienes temen la pérdida total y no reembolsable de su patrimonio. El aplazamiento del plan también prolonga el bloqueo de las calles en las que se encuentran los edificios y el desalojo de las residencias y negocios aledaños.

La fuerza del sismo terminó con la columna vertebral de Génova 33, un edificio de ventanas triangulares que destaca entre los locales de la angosta vía. El inmueble residencial de 10 pisos está rodeado de más de 50 negocios, entre bares, restaurantes y tiendas. De esos, tan solo pueden operar dos: una papelería y una relojería ubicadas casi en la esquina con paseo de la Reforma, área que también está acordonada desde el sismo.

Mientras tanto, los representantes del Gobierno capitalino le han comentado a Rosa Suárez sobre la posibilidad de obtener un crédito en caso de que su departamento en Miramontes 2990 deba reconstruirse o no tenga remedio y deba mudarse a otro sitio. “No podemos ser damnificados y además deudores”, dice con ojos llorosos la propietaria de 65 años. “Tardé 30 años en pagar mi departamento, 30 años de esfuerzo y te lo quieren volver a cobrar”. Desde septiembre ha vivido en la casa de unos familiares, pues su edificio colinda con el 3010 que comenzó a ser demolido a mediados de noviembre. Los inspectores de la ciudad no le darán un diagnóstico de su vivienda hasta que finalice el derribo del edificio vecino. Mientras las máquinas tiran la estructura, Suárez pasa la mañana en un centro de acopio instalado a unos metros de la zona de demolición. El campamento también funciona como caseta de vigilancia, desde la que Suárez se asoma de vez en cuando para mirar su edificio, acordonado, solo habitado por sus muebles y los de sus vecinos.

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