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La pólvora cada vez en menor cantidad El Salvador 

La pólvora cada vez en menor cantidad

Desde hace 35 años, Gloria Marina Martínez, de 44 años, se dedica a la venta de productos pirotécnicos siguiendo el ejemplo de su madre, quien la llevaba a vender desde que tenia 9 años.

Gloria Martínez recuerda esos diciembres alegres, con mucho movimiento de personas que buscaban las estrellitas, morteros, fulminantes, silbadores y buscaniguas. Aun cuando en los últimos años la demanda de los productos pirotécnicos ha disminuido, considera que la tradición continua.

“Siempre se mantiene la celebración con pólvora, por mas que nos desanimamos porque en todo el mes no se logra vender, sí se vende el día 24 y 31 (diciembre), pero esta es una tradición que creo que va seguir por muchos años” comenta Martínez, quien junto a otros 34 comerciantes, ofrecen sus productos en la Plaza de Toros, de San Miguel. Pese a que muchos de sus colegas se muestran molestos por las campañas de publicidad negativas en relación a la pólvora, Gloria les da el visto bueno, pues cree que es responsabilidad de los padres el buen uso y manipulación de la pólvora.

“Yo estoy de acuerdo en que hay que tener precaución en la manipulación de la pólvora, así como tengo necesidad de ganarme mis centavos, también la personas deben de ser responsables a la hora de manipular pólvora” expresó con una gran sonrisa. El resto del año, la migueleña se dedica a vender refrescos en Santa Rosa de Lima, La Unión.

 

Entre las comerciantes de pólvora que este mes se instalaron en el Parque Centenario, Alicia Martínez, de 82 años, es una de las que tiene más edad y también de las que tiene más experiencia con 62 años activa en el rubro.

Alicia, una mujer originaria de Cojutepeque, que tras la muerte de su esposo crió a sus seis hijos de la venta de frutas y pirotécnicos; ella afirma que la venta de estos productos no fue muy buena para esta Navidad.

“Todo esto ha bajado desde hace como seis años, pero hoy ha sido más duro para todos por la propaganda (contra el uso de pólvora) que hicieron desde principios de mes, y porque publicaron que acá se había vendido silbadores y fulminantes a niños que fueron enviados, pero eso no fue así”, explicó, tras insistir que allí se abstienen de comerciar los productos prohibidos.

“Esperamos al cierre del año poder vender. Le pido al Señor por mis compañeras, por nosotros y todo el que nos ayuda”, afirmó esta amable mujer. Ella fue de las afectadas cuando aquel 24 de diciembre de 1995 se produjo un incendio en las ventas de pólvora que estaban en el Parque Libertad, y tiene la dicha de haber visto sobrevivir a una nieta que quedó soterrada en el edificio Rubén Darío en el terremoto de 1986.

Frente a esas vivencias, sostiene que no venden pólvora para que haya niños quemados, sino porque es una tradición de diversión”, por lo que siempre aconseja a los padres que llegan a comprar petardos que no dejen a sus hijos solos manipulando estos materiales.

 

Ana Elvira Guevara es una comerciantes de pólvora con 40 años de trayectoria en Santa Ana. Se dedica a esto desde los 16 años, cuando sus padres le enseñaron, y según comenta, décadas atrás estos productos se vendían antes de terminar el año, pero con el paso del tiempo las ventas han disminuido y en muchas ocasiones no han ganado.

“Uno en este negocios o gana, o pierde. A pesar de las malas temporadas siempre he sacado mi puesto de pólvora para las fiestas navideñas, siempre encomendándome en las manos de Dios y que el traiga los clientes”, dijo.

Ana aseguró que uno de los principales problemas es el aumento en los impuestos de exportación, pues antes pagaban alrededor de $50.00 y ahora pagan hasta $75.00 por los dos metros de mercadería que introducen al país. Sin embargo, ha tratado de brindar a sus clientes productos nacionales y exportados de calidad, y mantener precios. “Aunque me suban los impuesto he mantenido mis precios para los clientes. Creo que esa es una de las razones por las que tengo varios años en este negocio”, mencionó.

Dijo que a pesar de la mala propaganda que el gobierno les hace espera seguir vendiendo los productos: “Mientras Dios me preste vida, siempre voy a estar instalada en este lugar. A pesar de todas las adversidad que se vengan de parte del gobierno o la delincuencia, tengo fe que aunque sea poco siempre voy a vender y poder pagar los créditos con los que trabajamos”, afirmó Elvira.

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