Amy Goodman y Denis Moynihan

“No alcanzan las palabras para expresar mi gratitud con cada activista, cada pequeño donante, con los padres y madres trabajadores y los soñadores que ayudaron a que este movimiento sea posible”. Estas son las palabras que Alexandria Ocasio-Cortez dirigió a la multitud eufórica que se congregó en la noche de las elecciones para celebrar su victoria para ocupar una banca en el Congreso por el estado de Nueva York. “Esto es exactamente eso, no una campaña ni un día de elecciones, sino un movimiento; un gran movimiento por la justicia social, económica y racial en Estados Unidos de América”.

Alexandria Ocasio-Cortez, llamada “AOC” por sus seguidores, es la mujer más joven en ser electa para el Congreso estadounidense. Esta millennial de 29 años de edad, de ascendencia puertorriqueña, nacida en el Bronx, es una orgullosa integrante de la organización “Demócratas socialistas de Estados Unidos” y marca un punto de inflexión crucial en la política electoral estadounidense. En el contexto de la violencia del nacionalismo blanco vinculada a la presidencia de Donald Trump, las elecciones de mitad de mandato de 2018 marcan el ingreso a la arena política de una serie de representantes electas que representan más que nunca la diversidad del país.

Si bien el Partido Republicano aumentó su mayoría en el Senado de Estados Unidos, los demócratas lograron obtener el control de la Cámara de Representantes. Varios resultados siguen sin definirse, como la contienda altamente peleada e intensamente monitoreada para el cargo de gobernador de Georgia entre los candidatos Stacey Abrams, quien se convertiría en la primera mujer gobernadora afroestadounidense del país, y el republicano Brian Kemp, que se negó a renunciar al cargo de secretario de estado de Georgia, función que implicaba supervisar las propias elecciones en las que era candidato. Kemp, quien está siendo demandado a raíz de su campaña racista de supresión de votantes, está algunos puntos por delante en lo que va del escrutinio, pero aún faltan miles de votos por contar y Abrams se niega a conceder la derrota:

“La democracia funciona solamente cuando trabajamos por ella, cuando luchamos por ella, cuando la exigimos. Y hoy, al hacer fila durante horas para encontrarnos en las urnas, es que hacemos que la democracia funcione. Esta noche estoy aquí para decirles que todavía quedan votos por contar. Hay voces que esperan ser escuchadas. En todo el estado hay compañeros y compañeras abriendo los sueños de miles de votantes y las papeletas de los votos en ausencia, y creemos que nuestra oportunidad de una Georgia más fuerte está al alcance de la mano. Pero no podremos tomarla hasta que se escuchen todas las voces. Y esta noche les prometo que nos vamos a asegurar de que se cuente cada voto”.

Las elecciones estadounidenses de mitad de mandato de 2018 dieron lugar a varios casos de “primera vez”. A nivel nacional, una cantidad histórica de mujeres se postularon para cargos públicos. Esta es la primera vez que la composición del Congreso contará con más de cien mujeres. La maestra de Connecticut Jahana Hayes y la concejala de Boston Ayanna Pressley se convirtieron en las primeras mujeres afroestadounidenses en representar a sus estados en el Congreso. Sylvia Garcia y Veronica Escobar se convirtieron en las dos primeras latinas electas para representar a Texas en el Congreso. En la mañana de las elecciones, en el distrito de Escobar, El Paso, la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos inició un ejercicio inesperado de “control de multitudes”, solo para cancelarlo abruptamente tras una protesta pública por el aparente intento de intimidar a votantes de la comunidad latina.

Deb Haaland, de Nuevo México, y Sharice Davids, de Kansas, se convirtieron en las primeras mujeres indígenas estadounidenses elegidas para el Congreso. Davids también es lesbiana y anteriormente practicaba kickboxing profesional.

Rashida Tlaib e Ilhan Omar son las dos primeras mujeres musulmanas electas para el Congreso. Tlaib, activista de Detroit que va a ocupar el escaño de John Conyers, será la primera congresista palestino-estadounidense. Ella afirma que llevará su megáfono a Washington y declaró a sus partidarios: “Los voy a honrar de muchas maneras, no solo a través de mi servicio, sino luchando contra cada estructura opresiva y racista que deba ser desmantelada, porque ustedes se merecen algo mejor”.

La legisladora de Minnesota Ilhan Omar es la primera somalí-estadounidense electa para el Congreso. En su discurso de victoria, Omar expresó: “Estoy aquí ante ustedes esta noche como congresista electa, en este acontecimiento que engloba varias primeras veces: soy la primera mujer de color que representa a nuestro estado en el Congreso, la primera mujer en usar hiyab … [y] la primera refugiada electa para ocupar una banca en el Congreso”.

Estas mujeres son solo una parte de los agentes de cambio en salir victoriosos en las elecciones de mitad de mandato de 2018. Muchas de ellas apoyan políticas progresistas como “Medicare para todos”, un salario mínimo federal de 15 dólares la hora, una universidad libre de deudas estudiantiles y una reforma migratoria integral, y están profundamente preocupadas por el cambio climático.

Sí, las bases sacudieron a los de arriba, pero aún está por verse si el peligroso cambio de nuestro país hacia el autoritarismo se logra sacudir desde sus cimientos. El presidente Donald Trump representa un muro, tanto literal como figurativamente. Las elecciones de mitad de mandato de este año convirtieron al muro en una puerta. El hecho de que esa puerta se abra o se cierre de golpe no depende solamente de las representantes electas, sino también de las personas que las colocaron allí. Estas elecciones no son un fin en sí mismas. En tiempos como estos es cuando los movimientos sociales pueden tener un mayor efecto.

Más de 110 millones de personas votaron, muchas más que en las últimas elecciones de mitad de mandato. Sin embargo, la otra mitad de ciudadanos habilitados para votar ha quedado fuera de las elecciones, ya sea por voluntad propia o por haber sido excluidos debido a las tácticas de supresión de votantes cada vez más generalizadas que se están implementando en todo el país. Los movimientos sociales responsables de este histórico resultado electoral para las mujeres y para la diversidad también deben trabajar para aumentar el compromiso, la concesión del derecho al voto y la participación electoral. Una de las campañas exitosas más importantes de esta semana fue la aprobación de la Enmienda 4 de Florida, que restablece el derecho al voto a 1,4 millones de floridenses que fueron condenados por delitos graves no violentos. Es uno de los mayores actos de concesión de derecho al voto desde que las mujeres obtuvieron el derecho a votar en 1920 y debería ampliarse a todo el país.

Ahora, a medida que esta cantidad sin precedentes de mujeres recientemente electas vayan asumiendo sus cargos luego de arduas campañas, comienza el trabajo de verdad.

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