El Salvador sucesos 

Incendios forestales subterráneos amenazan al ANP San Marcelino

Existen tres tipos de incendios que amenazan a las Áreas Naturales Protegidas (ANP) de El Salvador: los superficiales que se propagan sobre material como pastos y vegetación herbácea de la superficie del suelo hasta 1.5 metros de altura; los aéreos, que se propongan por la parte alta de los árboles o matorrales; y los incendios subterráneos, que son los más difíciles de sofocar porque el fuego avanza por el material debajo de la superficie del suelo, como raíces, piedras, lava volcánica y materia orgánica acumulada que comúnmente no genera llama y ni mucho humo.

San Salvador, febrero de 2018. En el país existen bosques que han crecido sobre sábanas de lava volcánica y que todos los años se ven amenazados por incendios forestales subterráneos difíciles de combatir. El ANP San Marcelino compartida por los departamentos de Santa Ana y Sonsonate, es la segunda zona hídrica más grande del país y una de las más afectadas por el fuego.  Nueve siniestros se registraron entre diciembre de 2017 y enero de 2018.

Resulta contradictorio pensar que esta área sea zona de recarga acuífera y a su vez la que suma más incendios forestales; sin embargo, esta doble cara de San Marcelino tiene una explicación muy sencilla: en temporada de lluvia, el manto de lava que está bajo el bosque funciona como una gigantesca esponja por donde se infiltra el agua y, en época seca, el manto rocoso se vuelve una trampa de fuego.

El 72% de esta ANP es colada volcánica, producto de la erupción del volcán San Marcelino que ocurrió hace casi 300 años. Es un río de lava que tiene aproximadamente 14 kilómetros de extensión en línea recta, por lo que es bastante propicio para que en la época seca, principalmente, se den los incendios.

Saúl Jaco, guardarrecurso del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales conoce muy bien el lugar, pero cuando se trata de un incendio subterráneo, es decir, bajo las rocas,  es difícil apagarlo porque pueden quedar residuos de cenizas encendidas en raíces, piedras y materia orgánica acumulada que comúnmente no genera llama y poco humo   y asegura que las condiciones del viento, la temperatura ambiente y el difícil acceso, juegan en contra y apagarlo puede llevar hasta 20 días.

Durante la época seca, la prioridad del equipo de guardarrecursos del MARN es la vigilancia e identificación de incendios forestales desde puntos estratégicos del ANP para poder visibilizar cualquier cortina de humo o estar pendientes ante cualquier aviso de los pobladores de la zona. Luego se movilizan a verificar la magnitud del incendio, la velocidad que lleva, qué tipo de combate se le va a aplicar, cuánta agua se va a necesitar y si es necesario coordinar con las autoridades locales.

“Los que hemos tenido la oportunidad de estar en un incendio forestal sabemos que es bastante triste la pérdida de biodiversidad, dañan los ecosistemas, la vida silvestre, árboles y especies representativas para nuestro país”, enfatiza Jaco.

El guardarrecurso también destaca la importancia de la coordinación con los actores locales en el tema de incendios forestales. “Acá en el territorio estamos trabajando de la mano con las unidades ambientales de las alcaldías de Izalco y Armenia y las cooperativas colindantes, como San Isidro. El terreno para apagar incendios en el ANP es bastante complicado y hay que caminar bastante con la bomba, con los cántaros llenos de agua, todo apoyo es importante”, comenta Jaco.

El mal manejo del fuego en las prácticas agrícolas de las zonas colindantes de las ANP, se suman a factores como la alta temperatura que pueden conservar las rocas volcánicas y las condiciones del viento, para la rápida propagación del fuego.

Cualquier tipo de incendio forestal es lamentable cuando se pierde un bosque, animales de la vida silvestre y mucho peor, una vida humana. Cuando la temporada de lluvias termina el peligro de la propagación de este tipo de incendios se incrementa.

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