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La atracción fatal de las mujeres hacia los criminales

Hibristófilas es la apetencia sexual desorbitada por tener relaciones con violadores, asesinos o criminales

Hay mujeres que se enamoran de los criminales solo con ver sus fotos o leer sobre lo que hicieron en la prensa.

Primero empiezan a escribirles y algunas pasan a llamarlos, visitarlos e incluso llegan a involucrarse en su defensa o ayudarles económicamente. En otras ocasiones apenas hay contacto físico alguno: la relación es más bien de una fantasía romántica.

En casos poco frecuentes de hibristófilas extrema y activa las mujeres pueden llegar a ser cómplices de los crímenes de sus amantes.

Por eso a veces se denomina coloquialmente a esta parafilia como el síndrome de “Bonnie & Clyde”, en referencia a la famosa pareja de criminales fugitivos que captaron la atención de la prensa estadounidense en los años 30 e inspiraron después películas y series de televisión.

Según la estadounidense Sheila Isenberg, autora del libro Women who love men who kill (“Mujeres que aman a hombres que matan”) una proporción significativa de las 30 mujeres hibristófilas que entrevistó tenía un historial de abuso y de relaciones violentas.

Un factor clave de estas relaciones románticas, en las que apenas hay contacto físico alguno, es precisamente el hecho de que los hombres estén tras las rejas. Así las mujeres pueden sucumbir ante su atracción por un hombre violento sabiendo que no están físicamente en peligro.

La psicóloga forense Katherine Ramsland habla incluso de que por un tiempo pueden ser los “novios perfectos”.

“Ella sabe dónde está en todo momento y sabe que él está pensando en ella. Ella puede decir que hay alguien que la ama, pero no tiene que lidiar con los problemas cotidianos presentes en la mayoría de las otras relaciones”.

“Y así puede seguir alimentando la fantasía durante mucho tiempo”, dice la autora.

Añade en un artículo publicado en Psichology Today que, aunque sus motivaciones para involucrarse apasionadamente en estas relaciones varían, tienen en común un afán de defender con fiereza su relación.

“Algunas saben que sus maridos son culpables, otras insisten en que son inocentes, pese a las evidencias claras que demuestran lo contrario”.

Foto: Jeremy Meeks

 

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