sucesos 

Longyearbyen, la ciudad donde está prohibido morir

La muerte es parte de la vida. Y los protocolos para despedir a un ser amado son tan distintos alrededor del mundo que algunos podrían parecernos extremos y excéntricos. El asentamiento de Longyearbyen, situado en el oceáno Glacial Ártico y perteneciente a Noruega, es uno de ellos: ninguno de sus habitantes puede morir en sus 242.86 kilómetros cuadrados. Está prohibido.

Y es una ley. En 1950, el gobierno implementó la medida a raíz de una sorprendente investigación. Las temperaturas de Longyearbyen “son tan bajas que impiden que los cadáveres se descompongan”, según los científicos.

De acuerdo con el portal web argentino Clarín, un grupo de científicos exhumó, en 1998, algunos cuerpos de marineros y descubrió en ellos “cepas de la célebre gripe española de 1918, una pandemia que diezmó Europa”. Para evitar que los virus se propaguen y vuelvan a desarrollarse (y desatar una catástrofe sanitaria), nadie puede morir en Longyearbyen.

De esta manera, el pequeño cementerio local dejó de enterrar a los recién llegados habitantes, y de eso ya hace 68 años. Sin embargo, la ley sí permite que los cuerpos sean cremados y sus cenizas pueden ser esparcidas por la tierra que los vio nacer o acogió.

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