Entrevista 

Madre soltera sobrevive a dos cánceres que reafirmaron su fe

Parece un cuento de adas, pero es una realidad vivida y experimentada por Ana Verónica Estrada, una profesional graduada en Administración de Empresas y madre soltera que ha sobrevivido a dos cánceres, no porque tenga un cuerpo de hierro, sino por el poder de Dios, la fe y actitud, según lo manifestó.

Al ser entrevistada, esta mujer profesional cuenta que el padre de su hijo, solo la embarazó y la abandonó y por eso fuera poco, a las 20 semanas de gestación le descubrieron cáncer en su riñón derecho. El mal había avanzado tanto, que no había otra alternativa menos que operarla y quitarle ese órgano, por supuesto tras una serie de exámenes y procesos de quimioterapia, todo lo cual tuvo que soportar su bebé que llevaba en el vientre. Esto sucedió en el 2011, hacía dos años su madre había fallecido de cáncer y solo contaba con la ayuda y apoyo de su padre, quien por cierto estaba enfermo de deficiencia renal.

Esos procesos a los que fue sometida Ana Verónica provocaron que su hijo José Ernesto Estrada naciera a las 37 semanas, pero según ella, por la gracia de Dios nació bien, pese a nacer con un tamaño pequeñito y muy bajo peso, no necesitó de encubadora y su posterior desarrollo y crecimiento fue normal.

Poco después llegó una nueva sorpresa, cuando su hijo tenía un año y medio de nacido, o sea el 31 de julio de 2013, le detectaron otro cáncer, esta vez en su seno derecho, de nuevo solo contaba con el apoyo de su padre, este al enterarse del nuevo mal de su hija, se vio impactado y su quebranto de salud por la deficiencia renal aumentó. Esta joven mujer volvió a ser sometido a los procesos de quimioterapia y tuvieron que quitarle el seno derecho, y cuando se encontraba en recuperación ya en el 2014, su padre se cayó y se fracturó la cadera y pocos meses después murió.

Entretanto, en medio de su lucha contra los cánceres de riñón y mama, padeció de plecrancia, la operaron de los ovarios, útero y matriz. En total Ana Verónica fue llevada al quirófano sietes veces.

Se considera una mujer a afortunada, se siente sana y dispuesta seguir luchando para atender a su José Ernesto de seis años, y dice que “Dios la ha visto con ojos de misericordia”. Trabaja como ejecutiva en una empresa distribuidora de repuestos y maquinaria agrícola.

Confiesa que después de superar todos los quebrantos de salud, se presentó a un templo católico a orar, para renegociar su vida con Dios y poner de manifiesto su fe y actitud.

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