El Salvador sucesos 

Periodista salvadoreña relata su difícil adaptación en Australia

La periodista, quien se desempeñó con una amplia trayectoria en una cadena de televisión salvadoreña decidió emigrar en busca de mejores condiciones de vida en un continente distinto y lejano.

Este es el relato que la periodista Angela Escobar compartió en sus redes sociales.

Lo que a continuación van a leer es una más de mis anécdotas en este “Down Under Country”, y por cierto, una de las más especiales en mi vida.

Finalmente logré entrar al mercado laboral Australiano.

Ya no se trata de “Cash Money”, ahora es un trabajo formal con todas las de la ley. Es medio tiempo y casual, es decir, me llaman cuando me necesitan.

Esto ya es un gigantesco paso para encontrar algo tiempo completo en este país donde colocarse es menos fácil de lo que parece.

Soy parte del equipo de “Cleaners” de uno de los centros comerciales más importantes de la zona de Narre Warren en Melbourne. Me corresponde, junto a otras compañeras, limpiar las mesas del food court y llevar la basura a la trituradora.

Uso uniforme y mi supervisora es una salvadoreña a quien le debo estar allí.

La demanda de trabajo es demasiado alta y los australianos piden estudios y certificaciones para todo y para estudiar aquí se necesita mucho dinero.

Apenas tengo dos dٕías de saber lo que es en serio el trabajo pesado, y me avergüenzo de no haber reconocido cómo se debe la labor de quienes se dedican a limpiar casas, oficinas y centros comerciales.

Eso de lavar baños, olerle los orines y la caca a extraños, recoger basura, barrer y trapear, es el trabajo más difícil que he hecho en toda mi vida y me ha enseñado lo que no aprendí en 45 años, humildad y respeto hacia estas personas que a diario tienen que lidiar con la mala educación de otros.

Y por eso, a quienes me siguen y que considero mis amigos, quiero pedirles varios favores: lo primero, cuando vaya a un food court después de comer, retire su basura y junto al azafate póngala en su lugar.

Segundo, si va a ordenar comida, que sea realmente lo que se va a comer usted, su familia o sus amigos, yo estoy asustada de la cantidad de comida que tengo que botar, ahora por ejemplo, boté unos platillos chinos que en el menú marcaban el precio de $30 dólares australianos que son como $23 dólares americanos, por alguna razón, que desconozco, se nota que solos los probaron y los dejaron en la mesa.

Me dio tanta tristeza, de vedad, hay gente en el mundo que no tiene nada que comer y esto no puede seguir pasando.

No importa en que país estemos viviendo, los patrones se repiten, la gente es sucia, mal educada, bota su dinero y desperdicia la comida.

Y tercero, a su sirvienta, muchacha, chacha o como quiera decirle, trátela bien, sea considerado, esas mujeres aquٕí harían dinero rapidísimo, con la experiencia que tienen, lo hábil para limpiar, cocinar, cuidar niños y de remate aguantar el mal humor de los patronos, se vendrían a reír del trabajo.

Espero que de algo sirva este testimonio, y sobre mis clases de Inglés, mi voluntariado en la radio y mi turismo interno, siguen en marcha, no quito el dedo del renglón de continuar ejerciendo como periodista, aunque por ahora existen prioridades y la inteligencia tengo que usarla de la mejor forma posible.

Las fotografٕٕías que adjunto son de Fountain Gate, su food Court y la trituradora de basura.

También hay una con mis hijos, fue de mi primer día de trabajo, yo estaba en una ciudad algo retirada del centro comercial y mis niños corrieron a encontrarme para entregarme el uniforme.

Me llamaron una hora antes para preguntarme si podٕía empezar, si decía que no, en automático pasaba nuevamente a lista de espera.

Los niños se subieron a un bus y yo hice magia para abordar primero un tren y luego el mismo bus en el que ellos venían.

Me cambié en el asiento de atrás, sólo se me escapó el detalle de la cámara de seguridad pero tenía que llegar ..so….I did it!!!! para que vean que mi vida no sólo es pasear, selfies y así… ja ja ja… y ojo… que tampoco es que sea fácil para mi que me vean limpiando… pero ya… prueba superada… feel free… feel happy, que Dios me conceda el deseo de ordenar mi vida y regresar pronto a El Salvador.

Y antes que se me escape, los zapatos que utilizo también tienen su anécdota: me los regaló mi jefa, la salvadoreña, cuando le dije que me gustaban mucho los que ella usaba me dijo que le daba mucha pena, pero que valían más de $300 dólares.

La verdad es que eran de puro cuero y aunque no me lo crean, todos los que limpian utilizan zapatos caros, por comodidad y porque saben que tienen que cuidar sus pies que son también su “machete de trabajo”…

Finalmente ella me llevó a una de esas tiendas de marca, me hizo probarme varios zapatos y terminó deslizando su tarjeta. Me los regaló, sin qué ni para qué… realmente sólo tengo 2 días de conocerla.

Me vio a los ojos y me dijo que era mi regalo de cumpleaños… y vaya regalito porque sencillos y tipo de “abuelita”…

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