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¿Ya habías escuchado del kéfir?

El kéfir es una leche fermentada muy parecida al yogur, que posee un sabor ácido y una textura más líquida y ligeramente viscosa, según nota de la agencia española EFE.

Se produce con la fermentación de la lactosa, llevada a cabo por distintos tipos de levaduras y bacterias diferentes a las del yogur que están presentes en los gránulos de kéfir. “Estos granos son blandos y gelatinosos, y tienen un aspecto similar al de la coliflor”, ilustra la nutricionista española Laura González.

Esa masa agrupa organismos vivos tales como bacterias y levaduras junto con sustancias nutritivas como grasas y proteínas.

“Mientras en el kéfir la fermentación es lactoalcohólica, en el yogur es solo láctica; de ahí que los productos resultantes sean tan distintos”.

Gracias a este proceso, el kéfir resulta una excelente opción, como cualquier probiótico, para contrarrestar una diversidad de problemas digestivos. “El consumo habitual de leches fermentadas probióticas podría ayudar a reducir determinadas sintomatologías o molestias digestivas”, subraya González.

Consciente de los enormes beneficios que este sustituto de la leche otorga a las personas, la ingeniera industrial salvadoreña Norma Laínez comenzó a producirlo y comercializarlo en El Salvador.

Ella explica que es un alimento excelente para personas que han estado sometidas a largos tratamientos con antibióticos o para los que padecen problemas inmunológicos, de colon, de piel y de ansiedad.

En el mercado existen dos tipos de kéfir, uno a base de leche y otro de agua.

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