Aunque las estadísticas puedan ser contradictorias, la sensación es que cada vez vemos más parejas que se separan o se divorcian. 

Quizás todavía tengamos presente aquella suntuosa boda a la que fuimos invitados, pero de ese derroche de felicidad solo queda el recuerdo plasmado en un video o en las fotografías, porque ante la primera crisis el matrimonio no pudo resistir y la frase “hasta que la muerte los separe”, pronunciada por el sacerdote, se volvió volátil y endeble.  

Según cifras recientes que publica la revista Time, en los años 70 y 80, el índice de divorcio en Estados Unidos llegaba hasta el 50% de los matrimonios, y en la actualidad ronda el 40%. Ahora nos divorciamos menos, pero probablemente sea porque muchas parejas ni siquiera llegan a casarse y prefieren la convivencia. 

Una de las principales fuentes de conflictos radica en el poco conocimiento de uno y otro durante la época de noviazgo, etapa en la que se procura “ocultar» los defectos y “potenciar” las virtudes de cada uno, pero así se proyectan falsas personalidades o actitudes.En realidad lo que se ve en el noviazgo es una versión mejorada, elaborada con mucho esfuerzo, pero insostenible en el tiempo ya que tarde o temprano aparecerá la verdadera personalidad de cada uno y el otro puede sentirse engañado.

Amparo Calandín, psicóloga española, cree que «una buena situación económica actúa como paliativo de muchos problemas”. Y argumenta: “Si una pareja tiene posibilidad de pagar ayuda en casa, un buen colegio, disfrutar de unas buenas vacaciones, y solucionar el tema de la vivienda, todo será más fácil. También es cierto que si la relación entre los miembros no funciona, no hay dinero que lo arregle».

También influye si son de diferentes religiones, aun en los aspectos que parezcan iguales, pueden terminar por aburrirse. Hay una etapa de enamoramiento ciego, algo así como una “luna de miel”, en que todo parecerá perfecto pero ese efecto se va diluyendo a menor edad y menos experiencia mayor será la etapa de ceguera. 

Un elemento que puede ocasionar conflictos constantes son los celos, sobre todo en personas que los llevan al extremo y desconfían absolutamente de todo. Además, hay personas que eligen parejas muy atractivas y poco estables, pensando que en el camino cambiarán su forma de ser y viven celandolos por todo.

No existe una pareja que no haya tenido conflictos, el tema es cómo los han superado, a veces, un capítulo cerrado es un paso gigante a la maduración como pareja. Sin embargo, en otras parejas es un antecedente que queda flotando y que no se resolverá a menos que hagamos algo drástico. Esto tiene bastante que ver cuando esperamos demasiado de la relación o incluso cuando la idealizamos, a tal punto de pasar del amor al odio sin escalas.

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