Si bien cierto, a lo largo de los años los arqueólogos descubren algo nuevo, que luego los lleva a dar una lectura acerca del descubrimiento y darlo a conocer al medio de comunicación y que estos lo transmitan al mundo entero.

Pero el arqueólogo David Anderson dio declaraciones fuertes cuando el popular presentador y comediante Joe Rogan se refirió en su show “the Joe Rogan experience” al mito creado en torno al rey maya K’inich Janaab Pakal, cuya imagen grabada en su sarcófago ha sido interpretada como una nave espacial. ¿Extraterrestres en las sofisticadas sociedades mayas?

Anderson, profesor de la Universidad de Radford, en Virginia explotó en Twitter invitando a Rogan a conocer el verdadero significado de la nave espacial: un árbol, un elemento muy común en la simbología maya. Su aclaración dio pie a una cadena de comentarios, más o menos agradables.

Según Anderson, se está invadiendo los programas de televisión y otros medios de comunicación, explotando el atractivo del misterio y lo paranormal y dando pie a creencias absurdas. Ejemplo de ello es la idea común de que los extraterrestres ayudaron a construir las pirámides egipcias y mayas.

A partir de este episodio, un grupo de expertos ha propuesto una movilización contra la desinformación que frene la expansión de las fake news en arqueología, una disciplina que, desde hace mucho tiempo, está en el corazón de la falsedad.

Lo que más alarma a los expertos es un reciente estudio acerca de los miedos de los estadounidenses, ya que según la última encuesta de Chapman University de American Fears Wav 5, más del 40% están convencidos de que los extraterrestres visitaron la Tierra en el pasado.

El dato es sorprendente ya que el 57% cree en civilizaciones avanzadas como Atlantis y también en casas embrujadas.

Por otra parte, el antropólogo Carl Feagans habla de arqueología como basura y señala a un culpable: la televisión. “Pregúntele a alguien más que esté en esta guerra de arqueología real-falsa / fantástica / fraudulenta quién es el enemigo, y los sacudirá como si tuvieran un mazo de cartas con sus nombres y caras: Hancock, Foerster, Däniken, Tsoukalos, Osmanagic” Pero reconoce que son los enemigos que los científicos permiten. 

Para finalizar el antropólogo expreso que los científicos deben dejar de escribir para ellos mismos y comenzar a pensar más en el consumidor.

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