Muchos en la adolescencia escucharon decir: “Apaga la consola que es hora de dormir”. Esa suele ser la frase que desata la crisis, cuando madres o padres la dicen a sus hijos. Niños y adolescentes se dejan llevar por el mal humor y la molestia hasta puede terminar en un berrinche porque se niegan a dejar el videojuego, más esto no significa que sean adictos.

Ni el cerebro de los niños ni el de los adolescentes tiene aún la madurez para dejar una actividad gratificante y pasar a otra menos divertida. Por lo que la directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, Nora Volkow , explica la razón.

“Lo que está sucediendo en nuestros cerebros es que hay sistemas que evolucionaron para mantener nuestro interés, y te llevará a buscar comida durante días hasta que encuentres eso, y luego viene la saciedad “, dijo Volkow, quien ha estudiado las similitudes entre los efectos de los juegos y el abuso de sustancias.

Entonces, si pides a un chico que deje el juego a la mitad, sin que aún esté satisfecho, lo más probable es que responda con mala actitud.

Chris Ferguson, profesor de psicología de la Universidad de Stetson en California analizó estudios sobre juegos de azar, también dio luces sobre el tema: la actividad cerebral que se genera durante un videojuego hace los que los niveles de dopamina aumenten 75%.

La dopamina es un neurotransmisor que el cerebro libera como respuesta a posibles recompensas, como el olor de comida rica u otras gratificaciones. Después, la sustancia se recicla en la célula que la liberó, apagando la señal entre las células nerviosas.

Los creadores de videojuegos diseñan una serie de recompensas o gratificaciones intermitentes para que los jugadores se “enganchen” y en algunos casos el juego no tiene un final o no se pueden hacer pausas (como ocurre en Fortnite).

Los adultos tienen la capacidad de razonar y anular el exceso de dopamina y pasar a otras actividades, los niños no porque la corteza prefrontal del cerebro, que es la región involucrada en la toma de decisiones y el control de los impulsos, no está completamente desarrollada hasta los 25 años.

El daño que pueden causar las pantallas

Lo que sí está comprobado es que el exceso de exposición de los videojuegos puede causar diversos problemas de salud. Un estudio encontró que los adolescentes que jugaban más de cuatro horas al día durante seis o siete días a la semana mostraban más síntomas depresivos que aquellos que jugaban con menos frecuencia.

Otro estudio reciente, encontró que jugar videojuegos violentos está asociado con aumentos posteriores en la agresividad física. Los expertos se basaron en estudios que se realizaron entre 2010 y 2017, con más de 17,000 participantes de nueve a 19 años de edad.

El exceso de exposición a las pantallas, incluido el tiempo de videojuegos, también pueden afectar el desarrollo de los niños.

Lo que pueden hacer los padres

Es un hecho que niños y adolescentes pasan más tiempo conectados a las pantallas, aunque ese mal humor que se apodera de ellos cuando se les pide dejar de jugar, no es un síntoma de adicción, sino un exceso de dopamina, es necesario que padres y cuidadores tomen ciertas medidas para regularlos.

Cómo dosificar las nuevas tecnologías

Para evitar berrinches y hacer que sea más fácil dejar la actividad, puedes advertir al chico que ya faltan unos 20 minutos para terminar y que no comiencen un nuevo nivel, por ejemplo. Milham sugiere no dejar que los niños jueguen a los videojuegos antes de acostarse porque algunos pueden afectar el sueño.

También sugieren no tener televisión o computadora en la habitación del niño ni dejar que estén conectados a las pantallas durante la hora de la comida o de las tareas.

Puedes sugerirles hacer otro tipo de actividades para entretenerse, como un juego de mesa familiar, armar un rompecabezas o salir a dar una caminata. Además, debes estar atento a su comportamiento porque si la mala conducta se intensifica o notas que el chico no se interesa por nada más que los videojuegos, es posible que necesites acudir a un especialista.

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