Jue. Jul 23rd, 2026

Por Lic. Carlos Huezo / Sociologo

De 1980 a 1992 se contabilizó un aproximado de 100,000 muertos, producto de una guerra civil donde la sangre la puso el pueblo salvadoreño, honesto y trabajador.

Producto del adoctrinamiento, por un lado, y la obligación, del otro, tristemente el luto y la vulnerabilidad colmaron nuestra sociedad, albergando tristeza y desesperanza.

La postguerra nos sorprendió cuando el fenómeno pandilleril estudiantil —en esa génesis violenta y con el libre albedrío de los gobiernos en turno a los que les importó un bledo —se consolidó para arremeter contra nuestro pueblo, que ya venía vulnerado del conflicto armado.

Asimismo, al fracasar el plan Mano Dura y el Súper Mano Dura implementados por los gobiernos del partido ARENA, el pueblo decidió darle el voto al partido que decía representar al «pueblo»: el FMLN.

Tristemente, todo se diluyó con sus famosas treguas, prestando polígonos de tiro para que las pandillas perfeccionaran cómo perpetrar a nuestro pueblo salvadoreño. Eso generó un saldo de un poco menos de 200,000 homicidios, sin olvidar el fatídico 2025, año en que fuimos catalogados como la capital mundial del asesinato. Esa cifra fue mayor incluso que la de los 12 años del conflicto armado.

Además, hubo un negocio de común acuerdo entre esos partidos cadáveres: altos funcionarios del partido ARENA manejaban las empresas de ventas de armas y funcionarios del Frente las empresas de seguridad privada. Lactaron de la sangre y de la zozobra que vivían nuestros hermanos salvadoreños.

A la llegada del actual mandatario, Nayib Bukele, el flagelo pandilleril creyó que sería la misma historia.

Sin embargo, desde la visión de Bukele y el trabajo articulado de la bancada cian, encabezada por el diputado presidente Ernesto Castro, entregaron —a propuesta del Ejecutivo— una herramienta legal que fue muy bien recibida por el pueblo: hablo del régimen de excepción.

La medida constitucional brinda todas esas herramientas legales al Gabinete de Seguridad y —en un tiempo récord— ahora somos el país más seguro del hemisferio occidental, en vías de ser el más seguro del mundo.

Ahora, el salvadoreño del cantón más recóndito de nuestro país goza de la misma paz y seguridad que un salvadoreño de Santa Elena, etc. En el tema de seguridad ahora somos un solo país. Esto se debe al pragmatismo colectivo impulsado desde la visión del mandatario Bukele.

Falta mucho por hacer, pero hace una década era imposible pensar en este escenario que hoy vivimos. Lo bueno no se cambia y se necesita que el Ejecutivo y el Legislativo vayan de la mano para seguir refundando este nuevo El Salvador. Ya lo dijo Herbert Spencer en su frase icónica: «La sociedad existe para el beneficio de sus miembros, no los miembros para el beneficio de la sociedad.»

El presidente Nayib Bukele ha entendido a la perfección cómo avanza este nuevo El Salvador.

Amigo salvadoreño: este es el momento idóneo para no volver al pasado y tú tienes ese poder a través del voto soberano del próximo 28 de febrero. Cuidemos de este nuevo El Salvador.

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