Ya han pasado las primeras semanas de enero y la efervescencia de los «nuevos comienzos» empieza a asentarse. Es el momento en el que las promesas de Año Nuevo se enfrentan a la rutina diaria y, a menudo, nos preguntamos:
¿Realmente cómo nos está yendo en este inicio de 2026?
Más allá de las metas que anotamos en papel, este arranque de año nos invita a cuestionar los cambios que estamos intentando implementar. No se trata solo de añadir actividades a la agenda, sino de observar cómo nos sentimos con el espacio que estamos creando para nosotros mismos.
La realidad de los cambios
A veces, el cambio más difícil no es empezar algo nuevo, sino soltar lo que ya no funciona. Muchos hemos iniciado el 2026 intentando:
Modificar ritmos de trabajo para evitar el agotamiento.
Priorizar la conexión humana en un mundo cada vez más digitalizado.
Establecer límites más claros entre el tiempo personal y las responsabilidades.
Sin embargo, implementar estas transformaciones rara vez es un camino lineal.
¿Qué es lo que más nos está costando?
Es natural sentir resistencia. A menudo, lo que más cuesta no es la acción en sí, sino la
constancia cuando la motivación inicial desaparece. O quizás, el reto ha sido navegar la incertidumbre de un año que apenas comienza a mostrar su verdadera cara.
Reconocer que un cambio nos está costando no es una señal de fracaso, sino de que estamos intentando algo que realmente importa.
¿Qué cambio ha sido el más significativo para ti hasta ahora?
¿En qué área sientes que la resistencia está siendo más fuerte?
A veces, simplemente nombrar el desafío es el primer paso para superarlo.
¡Sigamos adelante con este 2026, un paso a la vez!
