Por Carlos Huezo
Hace una década atrás, no solo era utópico sino desesperanzadora la posibilidad de optar aún país, dónde no se vulnerara los derechos del pueblo honrado y trabajador.
Desde el génesis del flagelo pandilleril, el frente y arena, no solo se dedicaron a pactar con las pandillas por votos, sino también robustecieron a estos grupos dotándolos de armamentos, prestándole polígonos de tiro para perfeccionar técnicas de como desvivir a los ciudadanos, que con el sudor de su frente se ganan el pan de cada día.
Es decir, si tenías las condiciones de pagar seguridad privada, disfrutabas y si no contabas con ese capital económico, estabas a la intemperie, respaldado por una oración y la protección del Creador, dónde irresponsablemente ex gobernantes, se amparaban en decir públicamente, que no se podía combatir a estos grupos pandilleriles.
Esa sangre, luto, desesperanza y dolor se instaló en el corazón de los salvadoreños, generando un hartazgo desmedido entre la población salvadoreña, que culminó a través del voto soberano, acabando con el frente y arena y ni hablemos de Vamos, que es un partido que nació muerto políticamente, siendo el bagazo del partido Arena.
La llegada del presidente Bukele, fue apocalíptica para las pandillas y sin duda alguna el renacer la esperanza del pueblo salvadoreño que anhelaba tanto la paz.
Sin titubear y sin vacilación alguna, demostró que ningún grupo terrorista y criminal está por encima de un gobierno, a menos que el gobierno en turno esté coaligado con dichos grupos.
Como lastimosamente vemos a muchos países hermanos, vivir lo que vivimos nosotros en los gobiernos de arena y Fmln.
En la refundación de este nuevo El Salvador, tiene la misma seguridad el que vive en Palmira, como el que vive en el cantón Huiziltepeque de San Pedro Perulapan, que sin duda alguna fue uno de los municipios más violentos del mundo en la era de los desgobiernos de la partidocracia, ese hito histórico no sucede todos los días, solo con la ayuda de Dios y la dedicación de un mandatario que fue reconstruyendo los girones de su pueblo.
Pasando de ser la capital mundial del asesinato, al país más seguro del hemisferio occidental.
Ahora ya no solo es el tema de la seguridad, también el tema educativo, turismo, salud y medidas paliativas en economía que el pueblo salvadoreño comienza a sentir esa oxigenación en su bolsillo, a pesar de lo mucho que falta por hacer en dicho tema.
Paso a paso avanzamos al país que un día pensamos nunca veríamos, sin duda eso colapsa a la vomitiva oposición mínima en el país, dónde en su desesperación al recibir cada mensaje del pueblo en diversas mediciones, saben que van el próximo 28 de febrero directo al descalabro.
Que orgullo ser salvadoreño y que país más estable se entregará a las generaciones venideras, como bien decía Gustavo Adolfo Bécquer: «El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.»
Los buenos somos más.
Dios bendiga El Salvador.
