Mar. Ago 25th, 2026

Lic. Carlos Huezo / Sociólogo

Algunos pseudo periodistas, al notar que jugar al exilio de papel no ha conseguido instalar en la sociedad salvadoreña la idea de que en este país “se reprime la libertad de expresión”, intentaron, de nuevo, volver a la “vieja confiable”: buscar vincular a las pandillas con el actual Gobierno. El objetivo de esa estrategia es tratar de poner en tela de juicio el apoyo que el pueblo, en más de un 95 %, le da al presidente Nayib Bukele.

“El león juzga por su condición”, reza un dicho popular que está cargado de razón. Y es que, por años, fueron estos pseudo periodistas los que se asociaron con las pandillas para ser voceros, a cambio de tener exclusivas y primicias. Los ahora exiliados de papel, con el fin de tener material de violencia que les permitiera explotar el dolor y sufrimiento de nuestro pueblo, se volvieron la agencia de publicidad de las pandillas.

En décadas de “reportear” la violencia, jamás estos “periodistas” escribieron una sola oración que afectara a las pandillas. ¿Casualidad? No. Se trataba de un asocio de mezquindad y cinismo.

Las pandillas tenían un poder real. Extorsionaban, mataban y violaban a sus anchas. Tenían capacidad de hacer tambalear a cualquier gobierno… y los pseudo periodistas lo sabían. Por eso estaban ahí, al lado de ellos —porque les gustaba estar al lado de ese poder—.

No son pocos los que todavía recuerdan cómo los ahora exiliados de papel llegaban pavoneándose a los bares de la Colonia San Luis, contando de qué palabrero eran amigos o con cuál líder criminal acababan de reunirse. Así se sentían importantes y también así, más de una vez, impresionaron a alguna joven bonita.

Además de la relación con las pandillas, también obtenían información exclusiva que les permitía hacer reportajes, libros, cuentos, películas… con las que, además, se iban a impresionar a cualquier organización woke para conseguir financiamiento para pagar jugosos salarios para (y solo para) la cúpula de estos llamados periodistas.

En conclusión, las pandillas significaban para el pueblo opresión, miedo y muerte. Pero para estos descarados significaban poder, prestigio y dinero. Obviamente, hoy estos tipos extrañan esa época de privilegios que perdieron.

Ahora, por primera vez en la historia, el Gobierno del presidente Bukele se enfrentó de manera frontal y total contra estas decenas de miles de malos salvadoreños —para poder darle paz y dignidad a millones—. Por su parte, el pueblo, enérgico, respalda y agradece la osadía del mandatario.

Por más que los exiliados de papel quieran vender cuentos, el peso de la realidad les aplasta. No pueden con la determinación y convicción de este pueblo que ve cómo, aunque de manera paulatina, las cosas por fin parecen cambiar para mejor.

Gracias a esa misma visión del presidente Bukele y a la sólida gobernabilidad que le da la Asamblea Legislativa, encabezada por el presidente Ernesto Castro, recientemente se aprobó un financiamiento con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por $100 millones para otorgar 50 mil becas a nuestros jóvenes, pluralizando la educación en su máxima expresión.

Paradójicamente, ahora que somos el país más seguro del Hemisferio Occidental, que estamos marcando una referencia en educación con este programa masivo de becas y que nuestro sistema de salud por fin está atendiendo a los salvadoreños, con Doctor SV, los exiliados de papel opinan que en El Salvador, hoy, vivimos peor…

Afortunadamente, el pueblo seguirá su camino, respaldando los proyectos que, paso a paso, le dan soluciones integrales para construir, por fin, una sociedad que viva con paz, justicia y equidad.

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