Mié. Jul 24th, 2024
Foto: Cortesía

(Todo parte de nosotros, las mismas contiendas son una invención de la mente. La humanidad es una familia unida a un mismo tronco e indivisible en su conjunción de pulsos, lo que requiere mantenerse humano para salvaguardarse vivo, previo arrojar en el vacío toda arrogancia y doblez).

I.- EL ESPÍRITU CELESTE NACE DEL CREADOR

QUE NOS RECREA

Somos peregrinos con un ángel al lado,

que en ningún momento nos abandona,

como tampoco nos priva de asistencia:

nos ayuda a no merodear en el camino;

a no errar de orgullo, el horror más vil.

Sortearemos la tentación de bastarnos,

esquivaremos la penuria de la altivez,

porque si al fin somos igual que niños,

lograremos que la inocencia nos salve,

pues un corazón llano es un alma viva.

Precisamos que nos encaucen de luz,

que nos guíen y nos guarden cada día, 

para vernos más celeste que terrestre,

con el rostro de Dios en nuestro rastro,

cercano a la contemplación del Padre.

II.-LA AUTORIDAD NACE DEL BUEN EJEMPLO

QUE NOS INSTRUYE

Hemos venido para servir unos a otros,

no para empedrarnos el pulso del vivir,

que la vida es para recrearse en familia,

no para ejercitar un señorío mortecino,

y menos aún para angustiarnos entre sí.

La facultad es una entrega cooperante,

una colaboración de corazón a corazón,

pues nadie es más que nadie en la vida,

ni menos que ninguno en su peregrinar,

donde ha de practicar la sana sensatez.

La modestia es vital para una existencia,

que quiere ser conforme a la enseñanza

de nuestro Redentor, siempre salvadora,

porque tan sólo uno es nuestro Maestro:

de voz clara, mirada fija y escucha leal.

III.- LA COHERENCIA NACE DEL SEÑOR

QUE NOS SOSTIENE

Corromperse por el espíritu del mundo,

al ofrendar malicia y recoger maldades,

nos debilita hasta ahogarnos por dentro,

nos deja sin voz en los latidos del alma,

nos resta cánticos y nos suma angustias.

Retorne a nosotros el don de la verdad:

sembrando cizaña recolectaremos vicio,

esparciendo odio captaremos venganza,

diseminando burlas mataremos sueños,

y la marcha la traspasaremos sin vivirla.

Lo valioso es seguir los pasos de Jesús,

poblarse de anhelos y repoblarse de fe,

custodiarse y darse sustento compartido,

tras fusionar lo que se dice con el hacer,

que por su quehacer se cala a la persona.

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