Dra. Margarita Mendoza Burgos */ Pixabay
No es extraño ver a un niño jugando mientras relata en voz alta cada una de sus acciones: “ahora el avión va a despegar”, “este muñeco se porta mal” o “primero esto y después aquello”. Aunque para muchos adultos este comportamiento puede generar inquietud, especialistas en psicología infantil aseguran que hablar consigo mismo es, en la mayoría de los casos, una manifestación natural y saludable del desarrollo.
Lejos de constituir una señal de alarma, esta conducta cumple un papel fundamental en el crecimiento cognitivo y emocional del niño. Se trata del denominado lenguaje egocéntrico, una etapa del desarrollo en la que el niño utiliza la palabra para organizar su pensamiento, estimular la imaginación y fortalecer sus habilidades lingüísticas y comunicativas.
Estos soliloquios funcionan como una forma de pensamiento en voz alta. A través de ellos, los niños ordenan ideas, razonan situaciones y regulan sus emociones. Suele aparecer alrededor de los 4 años, aunque no todos los niños lo manifiestan de igual manera ni con la misma intensidad. En muchos casos, este tipo de diálogo acompaña la creación de historias, la resolución de problemas o la interacción con amigos imaginarios. Siempre que el niño mantenga espacios de socialización y participación en actividades grupales, no existe motivo de preocupación.
La atención de padres y cuidadores solo debe centrarse cuando hablar solo se convierte en la única forma de interacción del niño y se observa un desinterés persistente por el contacto con otras personas. En esos casos, los especialistas recomiendan una observación más detallada y, de ser necesario, la consulta con un profesional.
Desde el ámbito familiar, la principal recomendación es no reprimir ni interrumpir este comportamiento, sino permitir que se desarrolle de manera espontánea. Escuchar sin intervenir puede ofrecer valiosa información sobre las emociones, experiencias recientes o pensamientos que el niño está procesando. Estas verbalizaciones fortalecen el lenguaje y facilitan la expresión emocional.
En las niñas, este fenómeno suele observarse con mayor frecuencia durante el juego simbólico, especialmente al interactuar con muñecas, donde los diálogos cumplen un papel central en la construcción de relatos y emociones.
Hablar consigo mismo no es un indicio de aislamiento ni de trastornos psicológicos. Por el contrario, en la infancia representa una señal clara de que el niño piensa, imagina, aprende y se desarrolla.
