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ElSalvador–El sismo del 10 de octubre de 1986 destruyó edificios emblemáticos, dejó miles de personas afectadas y puso a prueba a los equipos de rescate en medio de la guerra civil salvadoreña.
San Salvador recuerda este sábado el terremoto del 10 de octubre de 1986, una de las catástrofes sísmicas más recordadas de la historia reciente de El Salvador. A 40 años de aquel suceso, las imágenes de los edificios derrumbados, las labores de rescate y las familias que perdieron sus hogares mantienen vigente la memoria de una jornada que transformó la capital.
El movimiento telúrico ocurrió a las 11:49 de la mañana del viernes 10 de octubre de 1986 y alcanzó una magnitud aproximada de 5.7. Aunque no fue un sismo de gran magnitud en comparación con otros registrados en el mundo, su cercanía a la ciudad y las condiciones de las construcciones contribuyeron a la gravedad de los daños.
En cuestión de segundos, distintos sectores de la capital quedaron afectados. Viviendas, establecimientos comerciales y edificios públicos sufrieron daños, mientras los equipos de emergencia y numerosos ciudadanos comenzaron las labores para localizar y auxiliar a las personas atrapadas entre los escombros.
El edificio Rubén Darío, una de las imágenes más recordadas
Uno de los inmuebles más afectados fue el edificio Rubén Darío, ubicado en el centro de San Salvador. Su destrucción se convirtió en una de las imágenes más representativas del terremoto y evidenció la vulnerabilidad de las edificaciones ante los movimientos sísmicos.

El antiguo Gran Hotel San Salvador también resultó destruido. Otros inmuebles, entre ellos el edificio El Cisne y las instalaciones del Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom, registraron daños de consideración.
La emergencia obligó a movilizar a diferentes instituciones de socorro. Roberto Orlando Cortez Cruz, director de Comandos de Salvamento, recordó años después las dificultades que enfrentaron durante las primeras horas de atención.

Según su testimonio, los socorristas encontraron viviendas con paredes derrumbadas y personas atrapadas en distintos inmuebles. Entre los primeros casos que atendieron estuvo el de un joven que permaneció atrapado durante varias horas en un elevador del edificio El Comercial y que presentaba signos de convulsión cuando fue rescatado.
La asistencia también recibió apoyo internacional. Durante la tarde del primer día, un equipo de bomberos procedente de Chiquimulilla, Guatemala, llegó para colaborar en las labores de emergencia.
Miles de personas afectadas en plena guerra civil
El terremoto ocurrió cuando El Salvador atravesaba la guerra civil, un contexto que complicaba la atención de las necesidades de la población y las tareas de recuperación.
Los primeros balances oficiales reflejaron la magnitud de la tragedia. El entonces presidente Napoleón Duarte informó inicialmente de 890 fallecidos, unos 10,000 heridos y 150,000 damnificados, además de pérdidas económicas estimadas en 10,000 millones de colones.
Las cifras cambiaron conforme avanzaron las labores de búsqueda y los registros de víctimas. Algunos recuentos históricos sitúan el número final de fallecidos por encima de los 1,000, mientras otras publicaciones mencionan cifras cercanas a los 2,000. Por ello, los balances deben distinguirse según la fuente y el momento en que fueron elaborados.
La destrucción también dejó a numerosas familias sin vivienda y obligó a las autoridades a adoptar medidas extraordinarias. El Gobierno declaró estado de calamidad pública, mientras la Asamblea Legislativa impulsó una contribución de sus diputados mediante la donación de un día de salario para atender las consecuencias del desastre.
Durante los cuatro días posteriores al terremoto, las autoridades registraron 873 réplicas de entre dos y cuatro grados en la escala de Richter, de acuerdo con los reportes publicados en aquel momento.
La emergencia también afectó a los medios de comunicación
Los daños provocados por el sismo alcanzaron incluso a los medios informativos. Diario El Mundo, que entonces circulaba por la tarde, no pudo publicar su edición el mismo día del terremoto debido a las dificultades que enfrentó su edificio y a su cercanía con el antiguo Gran Hotel San Salvador.
Cuatro días después, el periódico explicó que los problemas de impresión habían impedido su circulación habitual. Pese a las limitaciones, publicó una edición reducida para informar sobre la tragedia y sus consecuencias.
Aquella interrupción reflejó las dificultades que enfrentaron distintas actividades económicas y servicios durante las primeras jornadas de la emergencia, cuando la prioridad estaba centrada en atender a los afectados y evaluar los daños.
Cuatro décadas después, la prevención sigue siendo clave
El terremoto de 1986 dejó al descubierto la importancia de mejorar la seguridad de las construcciones y fortalecer la preparación ante desastres. La experiencia también marcó a numerosos socorristas, quienes encontraron en aquella emergencia una referencia para su formación y respuesta ante futuras catástrofes.
A 40 años del sismo, la conservación de la memoria histórica también permite reflexionar sobre el estado de las edificaciones antiguas y la necesidad de evaluar las estructuras que presentan daños.
En sectores de San Salvador, como la Residencial Modelo, se ha señalado la permanencia de viviendas con deterioro que continúan habitadas. Sin embargo, para determinar su nivel de riesgo actual es necesario contar con inspecciones técnicas que establezcan las condiciones estructurales de cada inmueble.
El Salvador se encuentra en una región con actividad sísmica frecuente, por lo que la aplicación de normas de construcción, la evaluación de edificios existentes y la educación de la población sobre cómo actuar durante un terremoto forman parte de las medidas necesarias para reducir el impacto de futuros eventos.
La tragedia del 10 de octubre de 1986 permanece en la memoria de quienes la vivieron y de las generaciones que han conocido sus consecuencias a través de fotografías, testimonios y registros históricos. Cuatro décadas después, recordar aquel día también significa reconocer la labor de quienes participaron en los rescates y la importancia de mantener la prevención como una prioridad.
