Mié. Ene 7th, 2026

Por Onofre Laborde

La captura de Nicolás Maduro por parte de Donald Trump agita las aguas del mundo geopolítico, desatando la ira de los simpatizantes del Castro-Chavismo, los globalistas y sus secuaces, así como la esperanza y alivio del pueblo venezolano y todos los que queremos un mundo limpio de comunismo.

Los medios internacionales en su afán de generar «conmoción» titulan la incursión estadounidense como «invasión» y vulneración de los derechos internacionales y humanos, cuando muchos olvidan que Venezuela fue sometida al crimen y la miseria, el cierre y expropiación de empresas, el hambre y la desidia, convirtiéndose en sede del narcotráfico y el terrorismo internacional, con organizaciones operando dentro de su territorio, como Hezbolá por ejemplo, entre otras.

Alguien que ha luchado por depurar América del narcotráfico ha sido sin dudas el mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, pieza clave en el cambio de rumbo, marcando distancia de forma clara ante la dictadura venezolana y desde forma muy temprana, cuando en 2019 ordenó la expulsión del cuerpo diplomático de Venezuela, reconociendo en ese momento «la legitimidad del presidente encargado,

Juan Guaidó, mientras se realicen elecciones libres en concordancia con la Constitución venezolana», cuestión que sabemos Maduro vulneró constantemente frente a su pueblo, con instancias totalmente sucias y sin garantías.

Luego de la captura de Nicolás y su esposa Cilia Flores, Bukele recordó en un mensaje publicado en X, el día en que Nicolás Maduro se burló de él públicamente desde Cuba, llamándolo “mequetrefe” y “pelele del imperialismo”, en un discurso pronunciado en La Habana en noviembre de 2019.

Y es ahí donde volvemos a la historia de siempre: Bukele es atacado por simplemente defender su país del crimen y ser efectivo, por tener un buen relacionamiento con Donald Trump, que le asistió y dio apoyo en esa lucha, con un sistema exitoso y ejemplar en el mundo frente a los delincuentes, tema que increíblemente molesta y genera cuestionamientos (claro, de quienes defienden lo corrupto).

El líder salvadoreño colabora con Trump con la incautación de cargamentos de drogas marítimos, con una efectividad y récord absoluto de más de 21 toneladas, valuadas en aproximadamente 35 millones de dólares, garantizando un flujo de paz solvente en aguas internacionales, zona que también es necesaria cuidar ante los eventuales peligros y muchos países «olvidan».

También es necesario destacar el ámbito aéreo desde el principal aeropuerto internacional de El Salvador, con la presencia de aviones militares estadounidenses, que han sido útiles y necesarios para que Donald Trump pueda luchar contra el narcotráfico y el régimen dictatorial de Nicolás Maduro.

Otra acción no menor en el tablero internacional fue la deportación de Estados Unidos a 238 venezolanos hacia El Salvador en tres vuelos, que fueron encarcelados en el Cecot, acusándolos de pertenecer a la banda criminal del Tren de Aragua y basándose en la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, asunto que encendió el «milagroso humanismo» de Ongs y medios internacionales, cuando jamás se preocuparon en un pasado por toda la gente que sufría en El Salvador bajo el crimen, los asesinatos,

violaciones y extorsiones por parte de pandillas.

Esa instancia de presos venezolanos en El Salvador generó repercusiones futuras, generándose un intercambio posterior, donde Bukele devolvió los reos a Maduro, a cambio de prisioneros estadounidenses detenidos en Venezuela y presos políticos del país sudamericano.

Bukele es acusado por algunos de «establecer una dictadura», pero se olvidan que tiene una aprobación del 90%, y se olvidan que el metió presos a delincuentes muy dañinos para la sociedad, no como el comunismo de Maduro y muchos otros en el mundo, que ha generado tanto daño a gente inocente.

Quiero finalizar este artículo saludando al pueblo salvadoreño y aceptando las críticas, soy periodista deportivo, pero también manejo desde años periodismo internacional, y felizmente tengo muy buenas amistades en El Salvador, que me comparten sus vivencias e historias, país que veo con entusiasmo y aprecio. Saludos, Onofre Laborde

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