Lun. Jul 22nd, 2024
Foto: Cortesía

(Al que tiene voluntad se le injertará el ritmo existencial, con sus pulsos y sus pausas, porque la vida no es su vida, sino la de todos haciendo comunidad, con la virtud de la calma y la comprensión del donante. Por eso, lo esencial es entregarse en alma y cuerpo, con aquello que somos y poseemos, empeñarnos en procurar que las ineptitudes se decaigan y las capacidades florezcan, produciendo armónicos frutos que nos fraternicen).

Por Víctor Herrador

I.- SOMOS RECEPTORES DE LOS TALENTOS DIVINOS

Hemos sido designados para la vida,

nombrados y loados por el Creador,

deseosos de colmarnos de sus dones,

confiándonos a cada uno su misión:

la de amar el amor de amar siempre.

Como Padre afectivo y recto que es,

nos hace ser garantes en el caminar,

responsables en el diario existencial,

peregrinar con las manos clementes,

y siempre tendidas hacia los pobres.

Sólo el apego es lo que se perpetúa,

la unión y la comunión de visiones,

el estar generoso y el ser parte viva;

que lo que vale es el valor de darse,

no de palabra sino con las acciones.

II.- Y HEMOS DE GERMINAR EN NOSOTROS MISMOS

Nuestra labor está en labrar el bien,

en salir de nosotros mismos y mirar,

en ver a los que tienen más miseria,

en secar sus llantos con el consuelo,

y en mojar sus labios de expectativa.

Los indigentes nos piden asistencia,

no cambiemos de camino por ellos,

el servicio es también obra nuestra,

lo que da cimiento a la propia vida,

lo que incita a desvivirse por el otro.

Nos hará justos acercarnos entre sí,

ocuparnos y preocuparnos por amar,

entrar en sintonía y salir en quietud,

quitarnos de la saña que nos empaña,

y envolvernos en piedad para brillar.

III.- CON NUESTRA PERTENENCIA A CRISTO SEÑOR

Dejemos circular por nuestra savia,

la sublime paz de Cristo en nosotros,

tomemos la liturgia de la fe cada día,

con amorosa confianza en el Padre,

sin dejarnos influir por lo mundano.

El encuentro con Jesús es el aliento,

que la espera tampoco nos desespere,

pues la cruz es fuente de vida y amor.

Ahora estamos en el instante preciso,

en el momento de las acciones de fe.

Fusionados al Redentor en su pasión,

renacemos y nacemos a la esperanza,

rehacemos el orbe y lo hacemos luz,

para que la noche deje de ser oscura,

y el día sea un relato de gozos dados.

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