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El viernes 12 de enero de 1990 la Selección Nacional de El Salvador logró su máxima gesta al obtener la medalla de Oro tras derrotar 5 carreras por 4 a Nicaragua en la final de los IV Juegos Centroamericanos disputados en Tegucigalpa, Honduras, por lo que se cumplen 30 años de ese hito.

En ese entonces, el país vivía en la ofensiva militar a fines de 1989 por lo que la preparación del equipo fue muy cuesta arriba, pero la pasión por el deporte de batear y correr y la mística de los jugadores y el cuerpo técnico permitió que el equipo sorteara las vicisitudes y asistiera al evento regional.

Pero además, la presea aurea se recordará por muchos años debido a que El Salvador ganó de forma invicta y venció en par de ocasiones a la fuerte y archifavorita Nicaragua, ya que antes de vencerlos en la final -tildada como una pelea ente David y Goliat- ya los habían derrotado en la jornada inaugural 5 carreras por 3.

El equipo estaba dirigido por Jorge Elías Bahaia, en su condición de manager y jugador, quien contó con la ayuda técnica del legendario Cirilo Errington Díaz, quien igualmente lanzaba a la par de su labor de coach. El roster estaba conformado por los lanzadores Wilfredo Flores, Roberto Mena, Raúl Urquilla, Aurelio Edgardo Villalta, Jaime Platero y Mario Augusto Flores; los receptores Carlos Medina y Vladimir Acosta Rosales.

La lista de jugadores de cuadro la conformaban Alberto Valdivieso (1B), Rodolfo Rosales (2B), Oscar Rene Ruiz (3B), Samuel Clemente Monterrosa (SS), Armando Renderos (SS). Los outfielder eran custodiados por Rubén Rosales, David Nolasco, José Antonio Marroquín,

El Salvador inició el cierre de la novena entrada del choque por el oro con la ventaja de solo una carrera, pero con Errington en labores de relevo para poner en candado. Tras los dos primero outs, Próspero González se metió en la caja de bateo para buscar al menos igualar las acciones con un batazo, pero fue dominado con un elevado al jardín izquierdo, al guante de Rubén Rosales, quien luego de tres décadas recuerda ese momento como si fuera ayer.

“Los tres jugadores que estábamos en los jardines (Rosales LF, Nolasco CF y Marroquín RF) queríamos hacer ese último out; en esos minutos yo le pedí a la Virgen y a Dios que me permitiera hacer ese out 27”, comentó Rosales, quien además cubrió en torneo la pradera derecha haciendo varias jugadas de feria que le valieron su inclusión en el equipo de estrellas del torneo como rigthfield.

“Salieron varios fouls y yo les corría a ver si podía llegarles. Recuerdo que le dije a Nolasco que como fuera yo la iba a atrapar si venía para mi zona, así sea lanzándome de cabeza. Salió ese elevado detrás del campocorto y yo le corrí fuerte y gracias a Dios le llegué. Aseguré el out con las dos manos para la gran alegría para El Salvador y  todos nosotros ya que nos costó muchísimo ya que veníamos de una guerra, bajo las balas, las bombas, todas estas vicisitudes, nosotros llegábamos a entrenar con gran sacrificio. Ese momento fue inolvidable para mí”, agregó.

Asimismo, añadió: “Estábamos tan motivados en el torneo, las palabras de aliento de Jorge Bahaia que nos llenaba de energía positivas y nosotros queriendo hacer las cosas de la mejor forma manera posible, lo que se plasmó en lo juego siendo campeones invictos”, contó Rosales. “Todo el equipo nos unimos tanto que fuimos uno sólo como familia y aún después de 30 años seguimos igual, somos una gran familia”.

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