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Redacción: Dr. Margarita Mendoza Burgos


Hace unos días hubo una noticia que le dio la vuelta al mundo por lo escalofriante de las imágenes.

En Miami, Estados Unidos, una mujer llamada Patricia Ripley empujó a un canal a su hijo Alejandro, de 9 años. Este, que padecía autismo grave, murió ahogado.

Fue el segundo intento de esta madre de deshacerse de su hijo, ya que anteriormente había intentado lo mismo y los vecinos del lugar lograron rescatarlo del agua.

Estos casos, que se dan con frecuencia -aunque no siempre son acompañados de un video captado por una cámara de seguridad donde puede verse el hecho- nos remiten a una pregunta. ¿Qué lleva a una madre a matar a su hijo?

Para empezar, una madre es ya madre desde que concibe.

Algunas, incluso, lo son desde mucho antes por el ferviente deseo que tienen de tener un hijo. Para mí, el proceso de maternidad inicio hasta que quede embarazada ya que era tan grande la responsabilidad que sentia, que preferia evitar el quedar embarazada.

Y ahora que existen tantas pruebas médicas, muchas veces las madres son advertidas de que su producto concebido o su hijo traen enfermedades graves: algunas decidirán tenerlo igual y otras no.

Lo que sí les puedo asegurar es que el dolor es inmenso siempre, por más más que el embarazo provenga de una violación.

No son elecciones fáciles y menos para una madre. Se necesita tomar una decisión que venga del corazón y la mente.

Hay madres que aún sabiendo que sus hijos nacerán con problemas, deciden continuar con sus embarazos y se muestran dispuestas a atenderlos con todos los requerimientos que exige la enfermedad.

Ese, probablemente, haya sido el caso de esa madre en Miami que que empujó a su hijo con un autismo grave a un canal para que se ahogara.

Como especialista de Salud Mental imagino la angustia y desesperación de esta madre, que era de clase media, es decir con capacidad económica e instrucción, para tomar una decisión así.

Tenía un hijo muy bello, bien atendido, pero que cada vez crecía más y se volvía más difícil de manejar… Hasta que terminó por ahogarlo.

Cuando se trata de filicidio -matar un hijo- en el 70% de los casos tienen a las madres como autoras.

Si se trata de neonaticidio -los cometidos en las primeras 24 horas de vida- el porcentaje puede llegar al 95%. Aunque parezca mentira, cada vez aumentan más los casos de madres asesinas, y no necesariamente están relacionadas a un aborto.

¿Y los padres?

Generalmente los padres son menos emocionales y menos integrados a la crianza, aunque actualmente eso va teniendo un cambio. Quizás por eso, ahora menos parejas desean tener hijos o son más conscientes de la cantidad que son capaces de sostener y educar.

Sin duda se necesita mucha determinación para tomar una decisión como la de Patricia Ripley, sobre todo porque no era la primera vez que lo intentaba.

En una primera ocasión, un vecino oyó gritar al niño y corrió a salvarlo. En el segundo intento no hubo testigos, más allá de una cámara de seguridad. Sólo imaginar el complicado cruce de emociones de la madre resulta terrible.

Podría pensarse que estos casos suelen darse en niños pequeños, pero no necesariamente, como ya vimos en el ejemplo anterior.

Las víctimas son niños poco gobernables, con necesidades especiales que desbordan la capacidad de un hogar. También podrían ser aquellas desbordadas por sus hijos con poca capacidad monetaria-o mental- para hacerse cargo de gestionar su crianza.

Aunque parezca paradójico, el lazo familiar es tan estrecho que eliges tomar una medida extrema antes de que el mundo las tenga que hacer por ellas.

El psiquiatra forense Phillip J. Resnick, pionero en investigar casos de filicidio, califica a estos tipos de crímenes como de “altruismo”

Es llamativo el caso de las madres que en vez de no tenerlos deciden darlos en adopción… Un recuerdo inmenso e intenso que en muchas ocasiones termina con la búsqueda eterna de aquel ser alguna vez no deseado.

Otras, en cambio, deciden no volver a quedar embarazadas. Generalmente, a mayor nivel intelectual y comprensión, más son los recuerdos.

En la medida que se implique a la coparte o sea el varón en estos hechos y decisiones, más grande será la capacidad de no caer en una solución precipitada.

Sea como sea, es una culpa que cargará toda la vida. Existe un libro llamado “Madres que matan a sus hijos” en el que los autores, Cheryl L. Meyer y Michelle Oberman, sostienen que el progenitor asesino tiene un mayor índice de suicidio de lo normal tras protagonizar un hecho así: entre el 16% y el 29% de las madres y entre el 40% y el 60% de los padres se acaban quitando la vida.

Una vida , que se volvió sin sentido.

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