Mié. May 20th, 2026

Para millones de adultos mayores en Estados Unidos, las llaves del auto son mucho más que un objeto metálico; son el símbolo máximo de su libertad, autonomía y conexión con el mundo. Sin embargo, lo que para unos es un derecho a la independencia, para otros se está convirtiendo en una preocupación de seguridad pública que ya no puede ignorarse.

El debate sobre si deberían existir pruebas de manejo obligatorias para conductores mayores de 75 años ha cobrado una fuerza sin precedentes. Estados como Michigan ya impulsan propuestas para implementar evaluaciones de conducción más rigurosas, motivadas por un aumento en incidentes vinculados a reflejos lentos, confusión cognitiva o problemas de visión.

En este escenario, la conversación ha dejado de ser meramente familiar para convertirse en un terreno legal espinoso. La abogada de accidentes, Jany Martínez-Ward, destaca que la percepción de estos eventos está cambiando drásticamente en las cortes y en la opinión pública.

“Históricamente, los choques que involucraban a personas de la tercera edad se catalogaban como infortunios propios de la edad. Hoy, esa visión está bajo la lupa. Antes, muchos incidentes se veían simplemente como ‘accidentes’. Hoy, la pregunta es distinta: ¿esto se pudo haber evitado?”, señala la fundadora de The Ward Law Group.

Las estadísticas muestran una realidad preocupante. Si bien el número de accidentes no es el único factor, la gravedad de estos sí lo es. Según Martínez-Ward, cuando estos conductores se ven involucrados en colisiones, las consecuencias suelen ser devastadoras.

“Lo que realmente preocupa es que, cuando ocurren, suelen resultar en lesiones mucho más graves. Las víctimas pueden enfrentar hospitalizaciones y tratamientos prolongados”, explica.

Los patrones de estos incidentes suelen ser recurrentes y alarmantes:


-Confundir el pedal del freno con el acelerador.

-Conducir en sentido contrario por autopistas o calles principales.

-Falta de reacción ante señales de tránsito claras.

-Episodios de desorientación espacial.

Uno de los puntos más controvertidos del debate es la responsabilidad de los familiares. ¿Puede una familia ser demandada si sabía que su ser querido no era apto para conducir? La respuesta no es sencilla, pero la posibilidad existe.

“Podrían ser considerados responsables dependiendo de varios factores, especialmente de quién es el vehículo y quién tenía control sobre su uso”, comenta Martínez-Ward. Esto pone a las familias en una posición difícil: balancear el respeto a la autonomía del adulto mayor con la protección de la seguridad ajena y su propio patrimonio legal.

La ley estadounidense es clara en proteger a los ciudadanos contra la discriminación por edad. No obstante, el enfoque actual no busca prohibir el manejo por el simple hecho de cumplir años, sino evaluar la capacidad real del individuo.

Para quienes resultan heridos en este tipo de incidentes, el camino hacia la recuperación puede ser complejo, especialmente al enfrentarse a compañías de seguros que analizan si la licencia estaba activa o si existían restricciones médicas previas.

“Si alguien resulta herido, es clave consultar con un abogado de accidentes lo antes posible”, concluye Jany Martínez-Ward. “No debería enfrentar a la aseguradora solo. Tener a alguien defendiendo su caso puede marcar la diferencia entre enfrentar las consecuencias solo o asegurar una recuperación justa”.

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