Jue. Jun 20th, 2024

“Desafortunadamente estamos viendo efectos sobre el corazón y el sistema vascular que realmente superan en número, a los efectos sobre otros sistemas de órganos”, comenta la doctora Susan Cheng, cardióloga del Centro Médico Cedars-Sinai en Los Ángeles.

No es sólo un problema para los pacientes con COVID largo. Hasta un año después de haberse contagiado de COVID-19, las personas podrían correr mayor riesgo de desarrollar un nuevo problema relacionado con el corazón, lo cual puede ir desde coágulos y arritmias hasta un infarto, incluso si en un principio parecen haberse recuperado satisfactoriamente.

Entre los puntos que se desconocen están: ¿quiénes son los más propensos a padecer estas secuelas? ¿Son reversibles, o una señal de advertencia de mayores problemas cardiacos posteriormente en la vida?

“Estamos a punto de salir de esta pandemia como un mundo más enfermo” debido a problemas cardiacos relacionados con el virus, comenta el doctor Ziyad Al Aly de la Universidad Washington, que ayudó a hacer sonar la alarma sobre problemas de salud persistentes relacionados con el COVID-19. Las consecuencias, añadió, “probablemente repercutirán por generaciones”.

Desde hace mucho tiempo, las enfermedades del corazón han sido la principal causa de fallecimientos en EE.UU y el mundo. Pero en Estados Unidos, las muertes relacionadas con el corazón habían descendido a niveles récord en 2019, justo antes de que azotara la pandemia.

El COVID-19 borró una década de esos avances, señaló la Dra. Cheng.

Las muertes por ataques al corazón aumentaron durante cada uno de los repuntes del coronavirus. Peor aún, se supone que los jóvenes no sufren infartos cardiacos, pero la investigación de Cheng documentó un incremento de casi el 30% en muertes por ataques al corazón en personas de entre 25 y 44 años en los primeros dos años de la pandemia.

El siguiente es un indicio inquietante de que los problemas podrían continuar: la hipertensión es uno de los mayores riesgos para las enfermedades cardiacas, y “de hecho, la presión arterial de la gente se ha incrementado considerablemente durante el transcurso de la pandemia”, agregó.

Los síntomas cardiovasculares forman parte de lo que se conoce como COVID largo, un término general que abarca decenas de problemas de salud, los cuales incluyen fatiga y confusión mental. Los Institutos Nacionales de Salud están iniciando estudios pequeños de algunos posibles tratamientos para ciertos síntomas de COVID largo, incluido un problema en el ritmo cardiaco.

Pero Cheng dijo que tanto los pacientes como los doctores necesitan saber que, en ocasiones, los problemas cardiovasculares son el primero o el principal síntoma del daño que dejó el coronavirus.

“Estos son individuos que no necesariamente acudirían con su médico y dirían: ‘Tengo COVID largo’”, señaló.

¿Qué tan grande es el riesgo de padecer problemas del corazón luego de contagiarse de COVID? Para averiguarlo, Al Aly analizó registros médicos de una enorme base de datos de la Administración de la Salud de los Veteranos. Las personas que habían sobrevivido al COVID-19 en las primeras etapas de la pandemia tenían más probabilidades de experimentar arritmias, coágulos, dolor en el pecho y palpitaciones, e incluso ataques al corazón y derrames cerebrales, hasta un año después en comparación con las que no se habían infectado. Eso incluye incluso a personas de mediana edad que no habían presentado señales previas de enfermedad cardiaca.

Con base en esos hallazgos, Al Aly calculó que 4 de cada 100 personas requieren atención por algún tipo de síntoma relacionado con el corazón en el año posterior a que se recuperaron del COVID-19.

Por persona, ese es un riesgo menor. Pero dijo que la mera enormidad de la pandemia significa que millones de personas quedaron con al menos algún síntoma cardiovascular. Aunque una reinfección todavía podría provocar problemas, ahora Al Aly está estudiando si el riesgo general disminuyó gracias a las vacunas y a que surgieron cepas más moderadas del coronavirus.

Investigaciones más recientes confirman la necesidad de comprender y atender mejor estas secuelas cardiacas. Un análisis esta primavera de una amplia base de datos de aseguradoras de Estados Unidos halló que era dos veces más probable que los pacientes con COVID largo buscaran atención médica por problemas cardiovasculares, incluidos coágulos, arritmias o derrames cerebrales en el año posterior a la infección, en comparación con pacientes similares que no se contagiaron de COVID-19.

El que haya un vínculo con daños al corazón posterior al contagio no es tan sorprendente. La fiebre reumática, una reacción inflamatoria a la faringitis estreptocócica no atendida —especialmente antes de que el uso de antibióticos fuese algo común, la cual genera cicatrices en las válvulas cardiacas. “¿Esto va a convertirse en la próxima enfermedad reumática del corazón? No lo sabemos”, señaló.

Pero Al Aly dice que hay un simple mensaje con el cual quedarse: uno no puede modificar su historia de infecciones de COVID-19, pero si ha hecho caso omiso de otros riesgos para el corazón —como el colesterol o la presión arterial elevados, la diabetes mal cuidada o el fumar— ahora es el momento de cambiar eso.

“Estas son las cosas sobre las cuales podemos hacer algo. Y creo que son más importantes ahora de lo que lo eran en 2019”, manifestó.

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