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Aunque millones de personas logran cubrir sus necesidades calóricas diarias, una gran parte de la población mundial continúa padeciendo desnutrición. No se trata de falta de comida, sino de una carencia menos visible: la llamada hambre oculta, un déficit de micronutrientes esenciales que compromete la energía, la salud y el desarrollo del organismo.
De acuerdo con investigaciones citadas por The Lancet, más de 5.000 millones de personas en el mundo sufren esta forma de desnutrición silenciosa, causada por la deficiencia de hierro, zinc, yodo, folato, calcio y vitaminas A, D y B12, entre otros micronutrientes fundamentales.
El informe señala además que más del 50 % de la población no consume las cantidades recomendadas de estos nutrientes, lo que eleva el riesgo de enfermedades crónicas y debilita las defensas del cuerpo.
Una desnutrición que no siempre se ve
La característica principal de la hambre oculta es su invisibilidad, a diferencia de la desnutrición tradicional, no siempre se manifiesta con bajo peso o aspecto enfermizo. Puede presentarse en personas con peso normal o incluso con sobrepeso. Esto se debe a que la calidad de la alimentación no necesariamente se refleja en el número de calorías consumidas.
Especialistas en nutrición advierten que una dieta basada en productos ultraprocesados —ricos en azúcares, harinas refinadas y grasas— puede llenar el estómago sin aportar los nutrientes que el cuerpo necesita. El resultado es una población que se siente cansada, enferma con frecuencia o presenta dificultades para concentrarse, sin asociar esos síntomas con deficiencias nutricionales.
El aumento de precios en frutas, verduras, pescado y frutos secos ha reducido la variedad en muchos hogares, especialmente en regiones con menor poder adquisitivo. Este cambio alimentario ha favorecido el consumo de productos de bajo costo y alta densidad calórica, pero con escaso valor nutricional.
A ello se suma el ritmo de vida acelerado, que promueve comidas rápidas y poco equilibradas. La falta de tiempo, unida a la amplia publicidad de productos industrializados, ha generado hábitos alimentarios que priorizan la saciedad inmediata sobre la calidad nutricional.
La carencia de micronutrientes puede manifestarse de múltiples formas: fatiga persistente, debilidad, infecciones recurrentes, uñas frágiles, caída de cabello, piel seca o dificultad para concentrarse. Con el tiempo, estas deficiencias pueden derivar en anemia, problemas óseos, disminución de masa muscular o alteraciones en el sistema nervioso.
Los efectos son más graves en etapas de crecimiento, embarazo y envejecimientoz en niños y adolescentes, la falta de hierro, zinc o vitaminas del grupo B puede afectar el desarrollo físico y cognitivo. En mujeres embarazadas, aumenta el riesgo de complicaciones y partos prematuros. En adultos mayores, se asocia con pérdida de masa ósea y muscular, menor inmunidad y mayor fragilidad.
Prevenir con equilibrio y variedad
Expertos recomiendan adoptar una alimentación variada que priorice alimentos naturales y mínimamente procesados. Incorporar legumbres, verduras de hoja verde, huevos, lácteos, pescados, frutos secos y semillas puede mejorar significativamente el aporte de micronutrientes sin aumentar demasiado el costo.
El concepto clave es la densidad nutricional: platos que no solo aporten energía, sino también vitaminas y minerales. Ejemplos sencillos incluyen añadir legumbres a la pasta, combinar vegetales con cereales integrales o sustituir bebidas azucaradas por agua o jugos naturales.
Consultar antes de suplementar
Aunque los suplementos pueden ser útiles en casos específicos, los especialistas insisten en que deben utilizarse bajo orientación médica y no como sustitutos de una dieta equilibrada. La recomendación es acudir a revisión médica si hay cansancio persistente, anemia previa, infecciones frecuentes o dietas muy restrictivas. En estos casos, pueden solicitarse análisis de hierro, vitamina D, folato y B12 para detectar carencias.
El hambre oculta es un problema global que atraviesa clases sociales y fronteras. Su prevención depende menos de comer más, y más de comer mejor: alimentos variados, reales y con el aporte suficiente de micronutrientes que mantengan el cuerpo en equilibrio y con energía duradera.
